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malmenor

amananece quieto

lentamente despuntan las luces del día. no se mueven las copas de los árboles, por no despertar.

apenas hay movimiento ahí, afuera. solo el muñequito del semaforo de peatones. mis pies empiezan a desentumecerse. plácido observo un mundo que despierta. sirenas corretean traviesas por las calles solitarias. las hojas del otoño  aterrizan levemente sobre el alsfalto helado, nadie camina por las calles.

hoy nos espera un día extrañamente caluroso de fin de año ( o casi ), tal ve la playa sea un buen lugar.

miro por la ventana ( o el ventanal ), todo es tranquilo.

2 comentarios

Anónimo -

Entonces me miró. Yo creía que me miraba por primera vez. Pero luego, cuando dio la vuelta por detrás del velador y yo seguía sintiendo sobre el hombro, a mis espaldas, su resbaladiza y oleosa mirada, comprendí que era yo quien la miraba por primera vez. Encendí un cigarrillo. Tragué el humo áspero y fuerte, antes de hacer girar el asiento, equilibrándolo sobre una de las patas posteriores. Después de eso la vi ahí, como había estado todas las noches, parada junto al velador, mirándome.

Anónimo -

Ahora, cuando acabó de hablar, yo seguía en el rincón, sentado, haciendo equilibrio en la silla. «Yo trato de acordarme todos los días la frase con que debo encontrarte ―dije― . Ahora creo que mañana no lo olvidaré. Sin embargo, siempre he olvidado al despertar cuáles son las palabras con que puedo encontrarte». Y ella dijo: «Tú mismo las inventaste desde el primer día». Y yo le dije: «Las inventé porque te vi los ojos de ceniza